lunes, 12 de septiembre de 2011

CAPÍTULO XV

A los de la pandilla, para utilizar la palabra más apropiada, y lapidaria; ¡Los Escoñetaron! se salvaron Oso Blanco, y el Sonámbulo, todos los demás fueron masacrados con saña, alevosía. Oso Blanco está en la alta Guajira, tuvo la suerte de salvar a un socio guajiro, de un sicariato que le tenían armado, aquí mismo, frente al restaurante.

El Sonámbulo, calladamente estudiaba en la Universidad, y parejamente con sus bandidajes, pertenecía al partido comunista, fue preparado en Cuba en la guerra de guerrillas urbanas, con sus consabidos atracos, extorsiones, secuestros, sicariato, drogas; se reportaba directamente a AL G-2, cubano a quiénes debía enviarles su alícuota, por cada descojonamiento que se hacían; Se encargó de preparar las brigadas para asaltar los bancos, planificaba, y las dirigías; dinero, si acumuló, al igual que muchos dirigentes de ese partido. Al llegar al poder el comandante, hizo tienda con ellos, poco le duró la luna de miel, tenía demasiado rabo de paja en incendio incontrolable, por lo que decidieron enjaularlo mientras pasa el temporal.

Sobre el fiasco de la lotería, resultó que los empleados de la televisora, fueron los que montaron el acto, logrando el tumbe perfecto, se supo a los meses, cuando ya todos estaban fuera del país, y estaba en su apogeo la vendetta entre todas las pandillas.

Vague por toda la ciudad, simplemente dejaba que mis piernas me guiaran, para donde se le antojaran, oscurecía, estaba empapado de sudor, transpiraba como si estuviese despojándome, de toda el agua de mi cuerpo; De pronto alguien me abrazo, zarandeo; Titubeando, dudando, fluctuante, se me fue aclarando la imagen, de la persona, de mi boca resonó con felicidad, ¡Una gran carcajada! abrace con fuerzas, bese, estrujaba mis manos, en sus bellos cabello; ¡Era Hermes! eufóricos hablábamos, al unisonó, logré reponerme, él me imitó, nos fuimos abrazados como dos niños que van a comprar golosinas

Atracamos en el mejor bar del centro, no lográbamos ponernos de acuerdo, en el hablar, queríamos contarnos todo, como si fuéramos los vientos cruzados, los tres primeros tragos nos aplacaron, pude entonces observarlo con detenimiento, había madurado, pero mantenía su atracción afeminada, sus cejas sobresalían, de sus ojos negros, su cutis me era desconocido, sin dudas, se esmeraba en el mínimo detalle, sus manos perfectamente cuidadas, su vestir advertían su buena situación económica. Me dijo –Adrasto, coño, como has cambiado, tenia rato observándote en el mercado, no decidía a saludarte, me puse a detallar una costumbre, que siempre has tenido, inconsciente, acomodarte el cabello, luego te hueles, la mano, y te acomodas la camisa. ¡Tu cuerpo, es escultural, pareces un modelo de revista de moda- -Comencé a reírme, contarle todas las ocurrencias, de mi dilatado andar; Él hizo lo mismo, no nos mentíamos, lo habíamos jurado cuando niños, es sagrado, aún en la vejez, como me lo había enseñado el maestro Platón; bebimos hasta saciarnos, fuimos a mi apartamento.

< ¡Flor de fango, que te cierras en la noche! >
Con las primeras luces del amanecer, te abres
Mostrando toda tu esplendorosa belleza
Sueltas los espíritus de la pureza
Te posesionas en el alma de los enamorados
Que se niegan a abandonar sus nidos de amor.
Mar que se estremece delirante
En locura inaccesible
Tratas de desollarte de la incubada demencia
Siguiendo las notas acribillantés
Preludio Patética, demencial del deseo reprimido
Sembrado, Floreciente, Ignorada su tormenta
Sin hallar la paz, del haberse manifestado
Sin darle tregua.
Desde el fondo, de esas notas musicales
La sexta sinfonía ¡La Patética!*
Expresivas de la delirante locura de la prisión
Consciente del verdadero Ser
¡IMPONESEN! Los Instintos
Se desprenden secretos ocultos, Negados
Horror de aceptarse, como se Es, Sexualmente
Y al murmurar, destructivo
Respuestas incoherentes, rechazos estériles
Sentimientos ocultos, callados sin poder definirlos
Muerte permanente
Extenuar el Alma ¿Para Qué?
Inspiración Trágica
Inocentes se desencadenan
Derrumbe de los sentimientos
< ¡PATÉTICA MUERTE ¡> “Dioses, y Nada”

Era dueño del timón, libre para tomar el rumbo; la niebla no opacaba la visibilidad; Ya no había razón, el pensar hacía rato reposaban en el fondo, sin tener a quien avasallar. Solas las pasiones emergían, triunfantes, complacientes, liberadoras del engañador vivir. Luego esa calma, se deshizo, con lentitud, sin apresuramiento, el encantamiento desapareció; Una suave voz, arrulladora, armoniosa, sin prisa de partir, se escuchaba en la lejanía -¡La felicidad, está agazapada, donde menos se sospecha; Pero es irrepetible, como todo lo pasado; Pocos llegan, a vivirla; Al final, es remanso, de agua tranquila; Que transita, transformada en Enajenación! –

Hermes, se levanto primero, yo lo hice a las once de la mañana, disfrutaba el poder hacerlo; Entre los tragos, me había explicado con lujo de detalle, cuál era su actividad, reímos en ese momento, contorsionándose los cuerpos, saltando con vivas alegrías, las lagrimas que se desbordan sin control, en los dos extremos vivenciales, que dejan huellas perennes, las tragedias, y los recuerdos felices, acordándonos del doctor insaciable, quien fue en realidad, quien le inyecto esa idea; Permitiéndole vivir con holgura; Su trabajo, facilitaba relacionarse con los extractos sociales; Que mueven las marionetas, en el teatro de los títeres de esta vida.

Propietario único, de una bella Mansión, donde acudían con seguridad esos personajes. -El secreto es saber seleccionar a los invitados, las jóvenes y los jóvenes bisexuales, educados, complacientes, discretos, con permanente control médico. En una computadora, registradas en claves, las informaciones básicas de cada persona. Esa noche, fuimos a su residencia, basta una sola palabra para describirla ¡Esplendorosa! el mínimo detalle, había sido laboriosamente tomado en cuenta; Presentó como su hermano, entrada la media noche ¡Vi, el Sol! se enrostraba en mi alma, quemándome; Imagen que con denotada seguides, alumbraba mis profundos sueños; Ojos azules, opacados únicamente, por breves segundos, cuando una nube ha perdido su rumbo, y ha sido abandonada, me miro con defecto premeditado, estrabismo circulante, sin cesar, era como contemplar la luna es su lento andar, sin prisa, sabedora de su poder, como si el subconsciente supiese de su existencia.

¡Estaba ahí! Volteé, con la fijeza del hipnotizado, mis piernas sin orden alguna, guiaron hasta ella, quizás, fuese también su constante buscar, en este mundo de casualidades, del andar a ciegas, para enfrentar la huella asignada, ¡Invariable!

Prendiese fuego voraz, indetenible en su saciedad de destrucción Sus cabellos eran oro; Sus labios sangre, paralizante, como cuando la vemos emerger con violencia burbujeante, como si estuviese acechando para huir de su encierro, de su andar, dentro de nosotros, sin descanso. Hermes me había observado con detenimiento, llamó aparte, con una sinceridad que me hizo recordar al señor Autom, me dijo -En este negocio, como en cualquier otro, se establecen reglas, de lo contrario se derrumba con gran facilidad- Me reí, lo abrace, y le manifesté que no se preocupara, me marche con ella, a otro sitio; Habíamos consumido drogas, pensaba que todas las podía controlar, sin dejar que vencieran, mi férrea voluntad cultivada en la aridez de mi trágica vida; Esa noche con la embriagues, me inyecte cocaína; No volví a saber de Hermes, había desaparecido de mi mente.

El trajinar diario, mermaba con demasiada rapidez mis ahorros, Selena, me propuso una forma de hacer dinero rápidamente, desconocía por completo su vida, no me interesaba, al igual que a ella, la mía; El trabajo era sencillo, ella abordaba en un restaurant de lujo, a los viejos que andan pescando, yo le ponía a mi vehículo el estandarte de taxi, al salir con el seleccionado lo atracábamos, ruleteábamos por los cajeros, donde tenía tarjetas de debito, luego lo dejábamos en las afuera de las ciudad.

Las tres primeras veces funciono perfectamente, pero en la cuarta, el vejote tenía una fuca, y tuve que quemarlo, sentí satisfacción ya me era algo normal; Habíamos guardado suficiente dinero, para salir de circulación, pero la droga nos arruinaba; Una noche en sus inicios, fui a buscar droga, ambos la necesitábamos con ansiedad, cuando llegue al apartamento la encontré en la cama, con uno de los muchachos de Hermes, ella me miró, volteé, aborde mi vehículo, guiaba sin control, irrespetando todas las señales de tránsito, mi mente se nubló por completo.

Restañaban latigazos que laceraban, haciendo renacer todo lo vivido, pero esta vez la crónica se hacía purpura, todo lo veía rojo; Vire con violencia, llegue al apartamento, el tipo no estaba, ella permanecía en la cama, completamente desnuda, se quedo mirándome, fijamente con un rictus en sus labios, de realidad, certeza, autenticada ventisca, crueldad implacable, acentuable, que se hacían densa ceguedad, oscuridad creciente; Reproches en mi rostro emergían, brotabasen las venas, sentía que mi sangre fundía mis entrañas.

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